16 jun. 2016

La Batalla de Cagayán

Grandes Batallas de la historia, la Batalla de Cagayán. Un episodio heroico más. Una época en la que tanto los Tercios como los conquistadores españoles no le hacían ascos a ningún tipo de enfrentamiento ni temían a ningún tipo de enemigo. En el extremo oriente, el Imperio Español había consolidados sus primeras colonias en torno a las Islas Filipinas. Por la zona, la única amenaza tangible para los españoles eran los piratas japoneses que buscaban oro y plata y que alimentaban sus filas con una nutrida base de samuráis sin señor. De naturaleza beligerante, los piratas samuráis pronto comenzaron a causar problemas con el pueblo filipino y los mercantes españoles. Ayudados de armas como arcabuces, picas, y artilería que los samuráis obtenían del comercio con el Imperio Portugués unido a las artes en combate de sus milenarios samuráis, hacían del enemigo japonés una amenaza temible.
Para acabar con la piratería nipona, Felipe II encargó a Juan Pablo de Carrión una acción definitiva que pacificase el lugar. Con una galera apoyada por 6 embarcaciones más pequeñas y 40 españoles armados hasta los dientes, Carrión se lanzó a la mar para hacer frente a más de 1.000 samuráis.

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Guerra: expansión del Imperio Español
Batalla: la Batalla de Cogayán
Fecha: 1582
Lugar: Cagayán, Luzón, Filipinas
Resultado: victoria española
Clave: superioridad de la táctica española

Beligerantes
Bandera de España Imperio EspañolPiratas samuráis

Bajas:

España: 10/20 muertos
Samuráis: cerca de 1.000

El cañoneo de un barco pirata por parte de la armada española fue el detonante de los acontecimientos. El líder pirata, Tay Fusa comandando una flota de 10 navíos se dirigió decidido a vengar la ofensa española. Con las naves japonesas tomando posiciones en diferentes puntos de la costa, la galera española se topó de lleno con un navío japonés de grandes dimensiones y con un número de hombres mucho mayor. Sin embargo, Juan Pablo de Carrión ordenó a la tropa prepararse para la batalla y abordar el barco japonés. Tras una descarga de artillería que dejó la cubierta de la nave japonesa sembrada de muertos y heridos, los españoles comenzaron el abordaje. Las rodelas españolas se enfrentaban con éxito a las katanas de los samuráis, sin embargo, la superioridad numérica nipona hizo a los españoles retirarse a su propia galera donde el combate continuó con los conquistadores formando un cuadro de picas en la popa del barco que los samuráis no podían traspasar. Con las tropas españolas muy acosadas por su escaso número, Carrión cortó la driza de la verga mayor, que cayó atravesada sobre el combés, creando una trinchera que aprovecharon los españoles para hostigar a las hordas samuráis. El combate finalizaría con la llegada de otra nave española menor que cañoneó a los japoneses haciendo que todos se tirasen por la borda para intentar salvar su vida.

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La flotilla española continuó por el Río Tajo (llamado así por ser el más largo de la isla), haciendo frente con éxito a todo japones que se le ponía por delante. Los 40 españoles acabaron en el río con más de 200 samuráis, sin que nada pudiera detenerlos. En la desembocadura del río se encontraban las fuerzas restantes japonesas con cerca de 600 hombres. Los españoles decidieron atrincherarse y preparar una pequeña fortificación para aguantar las embestidas niponas en caso de batalla. Tras una negociación fallida en la que Carrión se negó a dar oro a los piratas a cambio de su partida, el mando japonés ordenó una carga contra las posiciones españolas. 
Confiando en el acero toledano que componía sus armaduras, los españoles aguantaron la primera carga de los samuráis con solidez, con un disciplinado cuadro de picas bien complementado con fuego de arcabuz. El sebo con el que se rociaron las picas españolas hacían que no pudieran ser estas arrebatadas.

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Una segunda carga samurái comenzó a hacer mella en las posiciones españolas, que aun así aún aguantaban pudiendo infringir severas pérdidas en las filas japonesas. Las armaduras españolas, y la combinación de chuchellería con pólvora conseguían mantener a raya a los japoneses a pesar de la inferioridad numérica. Sin embargo con las tropas españolas exhaustas por todos los combates los japoneses lanzaron una gran tercera carga que acabó con el rigor táctico español dando paso a una lucha cuerpo a cuerpo, rodelas contra katanas. La superioridad de la esgrima española hizo que los españoles no solo aguantasen la embestida sino que además permitieron un modesto contraataque del que solo unos pocos japoneses se libraron por ser sus armaduras más ligeras. Los pocos samuráis que sobrevivieron a la batalla abandonaron la isla habiendo sufrido una de las mayores humillaciones militares de la época colonial.



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13 jun. 2016

¿Por qué en Islandia fue legal matar vascos hasta el año 2015?

Una de las historias más curiosas que uno se puede encontrar en la red. Una ley olvidada de tiempos antiguos que sobrevivió hasta 2015. Explicado rápidamente, hasta 2015 en Islandia era legal matar vascos. La historia de esta absurda ley se remonta a 1615.
En ese año, varias embarcaciones de balleneros procedentes de tierras vascas eran avistados por los habitantes islandeses. En pleno siglo XVII las grandes potencias coloniales encabezadas por España estaban en plena expansión. Los islandeses conscientes de ello pensaron que los barcos vascos eran enemigos que venían a invadirles. Rápidamente los habitantes autóctonos reaccionaron y las autoridades islandesas promulgaron una norma según la cual debían ser ejecutados los supuestos invasores.


Aquel invierno había sido duro y frío, lo que provocó que el hielo proliferase en la superficie marina haciendo naufragar las embarcaciones vascas. Hasta 32 pescadores llegaron a la costa de Islandia y solo uno fue capaz de escapar a la caza del vasco y salvar su vida. Este hecho se ha conocido como "la matanza de los españoles" y no tuvo mayor trascendencia a largo plazo. Sin embargo, la normativa que instaba a la caza del invasor vasco nunca fue derogada.


Conmemorando los 400 años de este episodio, en 2015 el gobierno islandes organizó un acto en el que se complementaba la derogación de la normativa. Xabier Irujo, descendiente de uno de los cazadores de ballenas vascos asesinados, y Magnus Rafnsson, descendiente de uno de los asesinos pusieron fin a este negro episodio con un simbólico apretón de manos.






Placa que recuerda la matanza en islandes, inglés, euskera y castellano



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