18 abr. 2012

La Batalla de Covadonga, realidad y leyenda

Grandes Batallas de la Historia, la Batalla de Covadonga. La Península Ibérica en su totalidad había sido ocupada por tropas musulmanas que no conformes con eso fijaron su vista en Francia en la cual penetraron hasta verse frenados por las tropas de Carlos Mártel en La Batalla de Poitiers (Batalla de Tours) en el años 732. No obstante antes de aquello en el norte de España concretamente en Asturias ya había ocurrido un hecho sin aparente importancia pero que sería decisivo para la historia de nuestro país. Como ya hemos señalado, en una Península Ibérica totalmente ocupada y con Córdoba como centro del nuevo territorio musulmán, gobernaba  la zona norte del territorio desde Gijón un bereber llamado Munuza. En la localidad asturiana de Cangas de Onis se reunieron varios dirigentes cristianos astures que acordaron negarse a pagar los impuestos que Munuza exigía, estos líderes astures estaban comandados por un valiente guerrero llamado Pelayo. En cuanto se enteró de la negativa, Munuza envió varias expediciones para sofocar la rebelión sin éxito, entonces pidió ayuda a Córdoba quien envió bastantes tropas, unos 20.000 hombres (no 180.000 como marcan los escritos cristianos) para anotarse una victoria fácil. Pelayo que apenas contaba 300 hombres se refugió en el valle de Cangas de Onís en los Picos de Europa donde el terreno es escarpado y la ventaja numérica no es tan importante. Además en aquel valle existe una cueva, la actual cueva de la Virgen de Covadonga donde las tropas de Pelayo podrían intentar resistir en caso de que las cosas fueses mal..

Guerra: Reconquista de la Península Ibérica
Batalla: La Batalla de Covadonga.
Fecha: primavera/verano del 722.
Lugar: Covadonga - Valle de Cangas de Onís, Asturias, España
Resultado: Victoria astur.
Clave: aprovechamiento de las características y el conocimiento del terreno.
Beligerantes
Oviedo croix Victoire.jpg Tropas asturesIslamSymbol.svg Imperio Omeya

Pelayo puso a 100 hombres dentro de la cueva para defenderla en caso de derrota y a 200 más a lo largo y ancho del angosto valle con el fin de hostigar constantemente a las tropas musulmanas. Para que fuese difícil que los musulmanes diesen media vuelta, los hombres de Don Pelayo dejaron a estos adentrarse bien en el valle. Cuando comenzaron las hostilidades y fueron incapaces de seguir avanzando, los soldados musulmanes fueron incapaces de desplegarse debido a la irregularidad y estrechez del terreno. Las posiciones astures estaban elevadas con respecto al camino, lo que hacia que los arcos, la principal arma defensiva musulmana para estos casos, fuesen inútiles. La técnica era sencilla, los astures atacaban, causaban las mayores bajas posibles especialmente con armas arrojadizas y finalmente se retiraban para después volver fugazmente al ataque y repetir sus movimientos una y otra vez a lo largo de todo el desfiladero que concluía en la cueva de la Cova Dominica (actual Cueva de Covadonga).
Los musulmanes sabían desenvolverse muy bien en los Campos de Castilla que incluso podían llegar a asemejarse a los desiertos de donde procedían los islamistas, pero en cuanto las condiciones geográficas se asemejaban más a las del resto de Europa estos ya no eran tan efectivos. La cabeza de la expedición musulmana fue aislada del resto del convoy y fue completamente aniquilada tras una carga a pié astur que se solventó con un intenso cuerpo a cuerpo. El resto de los musulmanes eran continuamente hostigados, desde el principio las flechas y sobre todo las piedras no dejaban de caer sobre sus cabezas. Aún asi estos llegaron a la entrada de la Cueva de "La Santina" de Covadonga, el último reducto de los hombres de Don Pelayo. Cuenta la leyenda que las flechas moras por intervención divina rebotaban en la entrada de la cueva y se clavaban en los propios moros. Leyendas aparte los astures continuaron con su cometido y la intensidad de la lluvia de artefactos creció hasta el punto en el que los musulmanes dijeron basta y el pánico se hizo con ellos comenzando una retirada completamente desordenada, un sálvase quien pueda sin ningún tipo de organización. Fue entonces cuando los pocos astures que aún quedaban con vida realizaron una carga contra las tropas musulmanas que se saldó con un éxito rotundo.
Las bajas en las tropas musulmanas ya eran elevadas, pero más lo fueron cuando un inoportuno corrimiento de tierras sepultó a una gran cantidad de soldados, bloqueando además el camino y dejando atrapados a muchos entre las hostilidades y el corrimiento, siendo la mayor parte de estos aniquilados. Al Qama líder de las tropas musulmanas murió en la refriega. El resto de tropas que habían conseguido escapar huyeron en dirección  a Liébana y más tarde a Gijón de donde fueron desalojados por las tropas de Don Pelayo que se reforzaron tras la victoria en Covadonga. A la resistencia astur pronto se sumó la de los vascos y gallegos. Pelayo llegó incluso a ocupar León y constituyó el Reino de Asturias con capital en Cangas de Onís. La ayuda divina con la que supustamente habían contado los hombres de Pelayo se le atribuyó a la Virgen de Covadonga y es por eso que hoy se puede visitar una basílica en el lugar de la batalla.
Se dice también que Don Pelayo levantó una cruz en plena batalla como símbolo de victoria "la Cruz de la Victoria" que se puede apreciar por ejemplo en la bandera de Asturias.
Los musulmanes en un principio le dieron poca importancia al episodio y catalogaron de "unos pocos asnos salvajes" a los hombres de Pelayo pero aquellos hombres sentarían las bases de la Reconquista de la Península Ibérica, que se completaría 8 siglos después, el 2 de Enero de 1492 con la toma del Reino de Granada por parte de los Reyes Católicos. En cuanto a Munuza, moriría mientras intentaba huír del territorio dominado por los astures. Por último decir que jamás se sabrá la verdadera dimensión de la batalla y que es muy arriesgado dar números de muertos o de participantes en la batalla, lo que si está claro es que a largo plazo fue de una importancia vital.


 Estatua de Don Pelayo en el centro de Gijón
Bandera de Asturias con la Cruz de la Victoria
Estatua de Don Pelayo en Covadonga
Basílica de Covadonga
Cruz de la Victoria, actualmente se encuentra en la Catedral de Oviedo
 Puente de Cangas de Onís, con la Cruz de la Victoria, todo un símbolo de Asturias
 Virgen de Covadonga
Actualmente la cueva en la que se desarrolló la batalla
Escudo de Gijón en el que se ve la figura de Don Pelayo
Tumba de Don Pelayo
Inscripción de la tumba de Don Pelayo

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9 abr. 2012

El Asedio de Numancia

Los romanos avanzan muy poco a poco por la Península Ibérica manteniendo una dura pugna con las tribus celtíberas residentes en la zona. Roma quiere anexionar de una vez por todas la que será la provincia de Hispania. En el 153 a.C. comienzan las guerra celtíberas en las que Roma pretende acabar con la amenaza de vacceos y celtíberos. Para ello existe un plaza vital muy bien fortificada y que representa la resistencia celtíbera, hablamos de la hoy en día extinta ciudad de Numancia. 
Tras una serie de fracasos militares entre los que destaca una derrota del cónsul romano Nobilior en la que un elefante romano que cargó contra sus propias tropas dio alas a las fuerzas numantinas para acabar con los romanos, Roma reunió un gran ejercito compuesto por 60.000 hombres que marcharía a Numancia por una larga ruta que evitase las emboscadas y permitiese arrasar las tierras de los vacceos con el fin de que no auxiliasen a la ciudad. Los romanos avanzaban de noche para evitar el intenso calor castellano y tras casi 4 meses de marcha llegaron a las puertas de Numancia que se encontraba a 9 Km. de la actual Soria. La ciudad se hallaba en un punto estratégico en un alto y desde el cual se dominaba la confluencia de los ríos Tera y Duero. La ciudad podía albergar a 8.000 personas de los que tan sólo la mitad eran guerreros. No obstante Escipión a cargo de las tropas romanas decidió sitiarla en vez de asaltarla temeroso de la poca fiabilidad de parte de sus tropas que eran aliados celtíberos.

Guerra: Conquista de Hispania, Guerras Celtíberas.
Batalla: Asedio de Numancia.
Fecha: 133 a.C.
Lugar: Numancia, Soria, España.
Resultado: Victoria romana.
Clave: Superioridad numérica romana y decision de sitiar la ciudad en vez de asaltarla.
Beligerantes
República RomanaNumancia

Para sitiar la ciudad los romanos pronto recurrieron a sus técnicas habituales, en un día levantaron una gran empalizada que servía como muralla de 4 Km. de largo y cavaron un foso que la protegiese de medio metro para tal obra se utilizaron más de 16.000 estacas. Pero esta no era la gran obra, era sólo una protección que permitiese crear una verdadera muralla mucho más sólida y resistente. La verdad que esta empalizada fue clave ya que en cuanto los numantinos vieron que empezaba a contruirse pronto organizaron ataques contra ella no obstante sin éxito. La nueva muralla estaba compuesta por piedra y tierra y contaba con 4 metros de espesor y 3 de altura y su longitud superaba los 9 Km. estando defendida cada 33 metros por una torreta de 4 pisos y 5 metros de altura. En total había en torno a 300 torres. En aquella torres se instaló la artillería que impediría cualquier intento de escapar de la ciudad, una gran cantidad de catapultas que con un alcance de 300 metros custodiaban bien la nueva fortificación romana. Los 60.000 soldados que servían a Roma de los cuales tan sólo 10.000 eran legionarios romanos se distribuyeron en 4 campamentos.
Si se veían movimientos por parte numantina, la comunicación de una parte de la muralla a otra (recordemos la gran longitud de esta) se hacía mediante pequeñas hogueras si era de noche o mediante banderas de diferentes colores si era de día. En cuanto una sección tenía problemas pedía por esos medios auxilio al resto de las fuerzas que rápidamente acudían para que ningún ataque pudiese fructificar. Incluso se construyeron diques para continuar la muralla en los cauces de los ríos. De los 60.000 soldados romanos 20.000 defendían la muralla, 10.000 ejercían como fuerza móvil de apoyo inmediato y el resto constituían la reserva por si las cosas fuesen mal. Debido a la falta de arqueros la situación militar de Numancia era muy desfavorable, su única salvación sería una batalla a campo abierto pero Escipión a sabiendas de que eso no le convenía lo rechazó una y otra vez. Lo único que podía hacer Numancia era que alguno de sus hombres pidiese ayuda. Ahí entra la figura de Retógenes Caraunios quien junto con 10 hombres se las arregló para escabullirse y cruzar de noche las filas enemigas con el fin de llegar a tierra de los Vacceos y pedir ayuda, pero ante la amenaza de las represalias romanas ninguna ciudad amiga aceptó el requerimiento excepto Lutia que envió una fuerza de apenas 400 guerreros. Escipión al conocer esta pequeña ayuda exigió a la ciudad al entrega de tales voluntarios y les amputó a todos la mano derecha.
A los numantinos no les quedaba ya esperanza alguna, los suministros comenzaban a escasear y la vida en la ciudad era ya más que precaria. La amenaza de la inanición sobrevolaba la urbe y apenas existía esperanza alguna para los sitiados, las murallas romanas eran infranqueables y no habia rincón del que sacar víveres. Los numantinos comenzaron las negociaciones para rendirse ante Roma pero Escipión solo aceptaría una rendición incondicional. Numancia no estaba dispuesta a tal humillación y continuaron aguantando. El canibalismo comenzó a ser una realidad, en un principio los habitantes se comían a los muertos y más tarde harían lo propio con los más débiles. Esta situación era insostenible para muchos y para no caer deshonrados, muchos numantinos comenzaron a suicidarse junto con sus familias e incluso quemando sus casas. El tiempo de asedio alcanzaba ya los 10 meses y en la ciudad sólo quedaban aquellos que eran lo suficientemente fuertes como para no haber muerto ya pero que no tenían el suficiente coraje como para suicidarse. Estos últimos abrieron las puertas de la ciudad y se rindieron.
Escipión se sorprendió mucho al ver el estado en el que se encontraba la ciudad pues todo lo que quedaba allí era muerte y desolación pero en los supervivientes se notaba aún con el odio digno del mayor enemigo hacia los legionarios. Los supervivientes fueron todos vendidos como esclavos y unos pocos viajaron a Roma para hacer un desfile conmemorativo de la toma de la ciudad. Numancia quedó custodiada por romanos y fue quemada para borrar de la memoria aquel punto que fue un gran quebradero de cabeza para los romanos durante tantos años. No obstante la caída de Numancia no fue el final de la guerra entre romanos y autóctonos, los romanos tardarían aún más de 100 años en conquistar la Península Ibérica, hasta el 19 a.C.


Recreación de las torretas romanas
Recreación de la ciudad
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